Columnista

Alcalde toque El Aquarela y muestre su casta antimalandrina

Por: Libardo Sierra

Abogado, especialista en Gestión Pública y Derecho Administrativo

Recientemente leía una columna de opinión escrita con una categórica vanidad, en la que le recomendaban al Alcalde Dau no tocar el edificio Aquarela. El escrito, algo extenso, se torna tedioso por la narración de todos los procesos de distinta índole, que han envuelto a los actores de uno de los escándalos más divulgados de La Heroica.

El artículo, que se torna confuso, señala un par de temas que son irrefutables y son la autonomía política, fiscal y administrativa de la que gozan los gobernantes en cada uno de los territorios a su cargo, y la jerarquía y funciones del Procurador General de la Nación, tema que se ha prestado para confundir al conglomerado y sobre todo para un falso rifirrafe entre nuestro mandatario y el máximo representante del ministerio público.  

Todos los que aplauden la falsa valentonería del burgomaestre tienen una errada percepción, pues a él nadie le está dando órdenes. ¡por Dios deje el complejo!, solamente le están recordando lo que el suscrito, en una columna anterior, le había dicho y es que en la administración pública se peca por acción y por omisión. El Alcalde cree que los cartageneros lo eligieron para contar los chismes políticos que se vociferan en Juan Valdez y que todos conocemos; no señor, lo eligieron para ser alcalde y ejercer sus funciones en esa pregonada autonomía administrativa.

Dentro de las muchas funciones que tiene el mandatario de una ciudad tan importante en materia presupuestal, cultural y política como lo es Cartagena, encontramos la que establece la Ley 1801 de 2016 en su artículo 206 donde se decantan las responsabilidades en el sector Urbanístico, siendo los inspectores de policía, y en algunos casos la Secretaría del Interior, los competentes en la materia, y claro, ambos servidores son dependientes directos del señor Alcalde Mayor del Distrito de Cartagena.

Siendo totalmente honesto con los lectores, les confieso que me parece injusto que se amenace a Cartagena con quitarle el reconocimiento de Patrimonio Histórico de la Humanidad porque un edificio estorba en la visual de un Castillo que, junto a otras fortificaciones, fueron el escenario de las batallas que a sangre y fuego constituyeron a La Heroiccomo el primer pueblo independiente de Colombia. Pero la Ley es la Ley, y en todo este entramado se han vulnerado normas que gozan de múltiples mecanismos de defensa, dentro de los cuales están los procedimientos administrativos a cargo de las precitadas dependencias de la Alcaldía.

El autor del artículo anteriormente mencionado y el Alcalde de Cartagena entienden, desafortunadamente, que las obligaciones del Mandatario Distrital debe ser ordenadas por un Juez de la República, como si estos ya no tuvieran suficiente congestión en sus despachos, ahora tiene que oficiar de arrieros del Alcalde.

NO, están equivocados señores y los animo a que entiendan que la invitación que hace el señor Procurador, quien no presume ser jefe de nadie, es que se adelanten los procesos administrativos que la ley determina para que se recuperen estos espacios y se impongan las multas a las que hubiese lugar, respetando los derechos constitucionales del debido proceso y de la defensa que gozan todos los colombianos; y una vez culminados estos, podría recurrir el constructor a demandar el acto administrativo decisorio ya sea por una acción de nulidad y restablecimiento del derecho o una reparación directa, o la administración por medio de la Acción de lesividad.

Toque al Aquarela señor alcalde, toque a sus dependientes y pellízquelos para que le entreguen resultados, pues este edificio es el vivo ejemplo de corrupción al interior de la ciudad. Pellízquese y muestre su casta antimalandrina, no deje pasar la oportunidad y mucho menos espere que un Juez le robe el protagonismo ordenándole algo que usted puede y debe hacer, aplique todo lo que predica en sus incendiarios discursos en procura de una ciudad sin corrupción y no le dé papaya al Procurador de que lo sancione por una omisión y que en las páginas de su libro en construcción se consigne que en la Administración Dau, pagaron los autores de un episodio que empaño el título de la ciudad como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.

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