Del incipiente liderazgo del concejo de Cartagena y el lambiscón discurso de su presidente 

Del incipiente liderazgo del concejo de Cartagena y el lambiscón discurso de su presidente 
Por Tatiana Tatis
La política es dinámica, sí; es cambiante, también. Si a eso le sumamos, que algunos de los veteranos políticos de la región Caribe, y en especial de la capital bolivarense,  están acostumbrados a recostarse árbol que más sombra les dé, tenemos el complemento cuasi perfecto para la putrefacta mutación del arte de servir, a politiquería burda y barata.

El Concejo de Cartagena no ha podido superar la percepción negativa que tiene la ciudadanía. Lo demuestran informes de gestión juiciosos y aplicados de Funcicar y de los sondeos de Cartagena Como Vamos. Quizás en el imaginario colectivo se concibe al político como sinónimo de corrupción. De por sí un calificativo muy generalizador e injusto con aquellas pequeñas voluntades de algunos dirigentes que intentan hacer las cosas bien, pero que al final son absorbidos por el vetusto aparato burocrático u opacados por quienes desean silenciarlos desde la oposición y presuntas influencias en órganos de control.

Mucha retórica poca praxis

El cabildo distrital está en mora con sus electores y la opinión pública. Sus debates han sido, en su gran mayoría incipientes e intrascendentales, e incluso  funcionarios de diferentes órdenes le han perdido el respeto, tanto así, que se pasan por la faja las citaciones que los concejales le realizan. Y no pasa nada. Expuestos a la burla, con una desgastada imagen, algunos optan por servir de vasallos para garantizar su reelección.

La ciudadanía en general no les come cuento a los concejales y su auditorio en medio de las sesiones, está más lleno de líderes incautos bajo el patético desdén del ‘puesto’, que de ciudadanos interesados en escuchar las posturas de los cabildantes.

Carecen de liderazgo colectivo para presentar iniciativas que sean de impacto positivo en la calidad de vida de los cartageneros. Salvo pequeños esfuerzos de algunos de sus integrantes. Pero una golondrina no hace verano.

El concejo está de espaldas a la urbe. No vale solo escuchar a los voceros de la comunidad en audiencias, no solo se requieren decoradas intervenciones en las sesiones, no basta con sacar pecho y criticar por criticar. Se requiere un concejo con autonomía y capacidad propositiva. Un concejal de la bancada liberal que conversó con un periodista de este portal bajo estricta confidencialidad nos contó, que internamente están fragmentados. Al parecer, prevalece más el interés particular.  La dinámica del cabildo está matizada por grandes diferencias entre la mayoría  sus integrantes y bajo el latente temor de supuestas órdenes de capturas a la mayoría de sus integrantes, tal como se rumoraba en los corrillos políticos la semana anterior. El ambiente está enrarecido, las relaciones internas en cuidados intensivos y la desconfianza reina en los pasillos del Edificio Galeras de La Marina.

Hace algunos días, un concejal de la bancada de Cambio Radical tuvo una fuerte discusión con él presidente de la corporación. Una concejal tiene limitada su amistad con un colega por el acoso amoroso del cuál era objeto. A otro concejal lo tienen relegado y pocos hablan con él temas relevantes porque según, graba las conversaciones. Aún es recordada la pelea a puños que protagonizaron  el año inmediatamente anterior un concejal de La U y otro del Liberalismo. Se dice qué hay concejales que entre sí no se hablan y otros en los qué hay poca comunicación. En términos generales, delante de los flash las sonrisas y el colegaje sobran. Cuando se apagan los reflectores, la tensión y la hipocresía reina en el tétrico recinto de la democracia.

En la actualidad el “quítate tú  para ponerme yo”, ha marcado el mete y saca de concejales. Ya pasó con Adechine, Fortich y ahora vivimos el tremendo novelón protagonizado por Barrios y Toncel, trama  que está en puntos suspensivos y que en unas semanas abarcará titulares de los medios de comunicación con el posible regreso de Wilson Toncel a la corporación. A eso se le suman los vientos que soplan de inhabilidades y que posiblemente se harían efectivas  los próximos meses.

Dicen que los que ‘mandan la parada’ son David Dager, Cesar Pión y Lewis Montero. De hecho, son en gran medida quienes más conocen la letra menuda de la dinámica política al interior de la corporación.

Presenciar una sesión del concejo distrital se convierte en una experiencia emocionante, con un desenlace cantado y una patético final. La mayoría habla muy bonito, bueno aunque hay otros que ni la voz se les conoce. Pero de acciones nada, de nada. Ciertamente, su responsabilidad constitucional no está dirigida a la ejecución de planes, programas y proyectos. Pero tampoco han tenido, por lo menos hasta ahora la capacidad de liderar iniciativas que impacten favorablemente en los cartageneros. El concejo distrital, mucha retórica pero de praxis, poco, poco.

El presidente del concejo no ha estado alejado de los escándalos. Como se recordará en una nota publicada el 18 de octubre de 2016, en Política Heroica, narramos un caso “¿Usted no sabe quién soy yo?, tristemente protagonizado por quien preside la mesa directiva y quien increpó a un policía de tránsito que cumplía su deber y lo sancionaba por tener su vehículo mal parqueado.

En aquella ocasión, el dirigente de ‘Opción Ciudadana’, intentó hacer uso inadecuado de su credencial para incumplir las normas de tránsito.

Al momento de ser requerido por un agente del Datt para imponer el respectivo comparendo, el cabildante se negó e incluso no bajó los vidrios de la camioneta Toyota placas KKK 584 y cuando lo hacía era para decirle al uniformado que él era concejal.

El discurso lambiscón de Montero

Durante la clausura del segundo periodo de sesiones ordinarias del Concejo de Cartagena, se esperaba que  el presidente de esta corporación, Lewis Montero Polo, marcara un precedente sobre el verdadero ejercicio de control político. Pero no, los asistentes, presenciamos una lacónica intervención elaborada seguramente por alguno de sus asesores o amigos (anteriormente quién le ayudaba a la presentación de iniciativas era el concejal Javier Curi), que le recomendaron seguramente que se embolsillara al alcalde (E) Sergio Londoño Zurek, ante la incertidumbre del tiempo de permanencia en el palacio de la Aduana.

Montero Polo, quien por primera vez ejerce como presidente, manifestó que en medio de la crisis que padece el Distrito los concejales están dispuestos a apoyar la gestión del alcalde encargado, para sacar a la ciudad del marasmo en que se encuentra.

¿Es qué acaso no son ellos responsables también de los problemas de la ciudad?, quizás más él, quien con tanto tiempo en la corporación y durante esos años ha paseado por las curules si resultados de contundentes que mostrar.

Para Lewis Montero, a pesar del ambiente enrarecido que se vive en la ciudad “comienza a florecer la esperanza porque hay coincidencia en que debemos hacer un alto en el camino para reflexionar sobre lo que ha venido ocurriendo en Cartagena”, con el fin de “rectificar de manera franca y decidida y comprometernos, entre todos, a superar una crisis que pareciera ser crónica”.

¿Renace la esperanza? ¡Lambisconería pura!, olvida el honorable directivo del concejo, que es corresponsable histórico de los grandes fracasos que desde el sector público ha tenido la ciudad.

Sociólogo de profesión, con 16 años de permanencia en el Concejo, Montero es uno más veteranos en el cabildo distrital. Ha pasado por ser relegado por sus colegas, ser un dirigente con cierta limitación para la oratoria, pero muy ágil para la dinámica política. De hecho, se convirtió en el hombre fuerte de las ‘ops’ en la administración transitoria de Gina Benedetti, también encargada en su momento de la alcaldía de Cartagena. A la postre para esas elecciones obtuvo la máxima votación la cual a la final no le sirvió de mucho porque en la administración del ex alcalde Díaz Redondo, se mordió la lengua, ante la indiferencia del alcalde de turno.

En su intervención durante las segundas sesiones extras de 2017, Montero se mostró complacido porque con el mandatario encargado haya habido coincidencia “en lo que respecta a nuestro anhelo de convertir el Cerro de la Galera en un Gran Parque Natural”, al igual que “con el impulso definitivo de macroproyectos como el Plan Maestro de Alcantarillado Pluvial, la Protección Costera y la Quinta Avenida de Manga, entre otros”.

“También compartimos con usted y muchos sectores ciudadanos preocupaciones e inquietudes sobre los resultados del programa Cartagena Cómo Vamos, lo que nos lleva a considerar que nuestras tres Comisiones Permanentes deben desde ya prepararse para estudiar iniciativas que impacten particularmente en temas como la pobreza extrema, la el desempleo, la inseguridad, el caos vehicular y tantos otros”, dijo.

En el ambiente, quedó la sensación de oportunismo y lambonería tal como lo decimos en el argot popular. Montero Polo, se quiere convertir en el nuevo mejor amigo del alcalde (E), Londoño Zurek, quizás se siente identificado de alguna manera con las posturas del joven burgomaestre. Válido, pero no olvide Presidente en la deuda histórica que dirigentes veteranos como usted tienen con la ciudad. Está bien acompañar a la administración distrital, si perder el valioso ejercicio del control político fundamentado en el bienestar comunitario y no el particular.

Cartagena  necesita y exige un concejo unido, e independiente a la coyuntura política. No queremos un grupo resquebrajado de cabildantes que jueguen a los que más novias tengan en las entidades públicas, o los que más cizaña generen en los grupos de whatsapp. Rechazamos los políticos acomodados, que se recuestan al árbol que más sombra crean que les va a dar. Les quedan dos años y medios de gestión, el tiempo es ahora!