Columnista

Entre la legalidad y la realidad social

Por: Jean Díaz

Uno de los temas de mayor controversia social por estos días en Colombia, y que desde tiempos remotos ha existido, es el relacionado con el aborto y sus conocidas causales de despenalización, causales expresamente taxativas por la ley, pero que, como todo en Colombia, ha sido objeto de constantes propuestas por la modificación de las mismas, apuntando, seguramente, a intereses personales de quienes pedirían una mayor cobertura o ampliación en su despenalización. El tema se calienta nuevamente en nuestro país con ocasión de un caso ocurrido en la ciudad de Popayan, cuando una mujer embarazada que, alegando “problemas de salud mental”, se practicó un aborto tras siete semanas de gestión, como diríamos en la costa Caribe: “Sin más allá y sin más acá”.

Antes de referirme al aborto propiamente dicho, desde un punto de vista jurídico, considero menester hacer un breve recordatorio del artículo 1 de la Constitución Política de 1991, que textualmente dice: “(…) Colombia es un Estado social de Derecho, organizado en forma de republica unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general (…)”. De la lectura de este, como dice el siempre recordado y respetado maestro Aníbal Pérez Chain, “(…) simpático artículo (…)”, se puede analizar que el fundamento del Estado social de derecho colombiano es nada más y nada menos, que la DIGNIDAD HUMANA, donde la ley, si bien es la principal fuente formal de Derecho, no se puede pasar por alto que la función del legislador debe girar en torno a la protección de este principio rector, máxime si se tiene en cuenta que, con la promulgación de nuestra constitución política del 91, pasamos de un Estado de Derecho a uno Social de Derecho, lo que implica entonces un compromiso con la vida del ciudadano, incluso desde que esa vida se está formando en un vientre materno, compromiso que deviene por el respeto al derecho constitucional fundamental a la vida y con ella el goce efectivo de los demás derechos humanos.

Si bien es muy cierto que el derecho colombiano debe actualizarse constantemente y el congreso de la Republica legislar con base en una dinámica social, esto es, a ritmo de los cambios y necesidades sociales, esto último, a mi juicio, es parcialmente cierto, relativo, porque no todos los cambios de las costumbres sociales son convenientes, algunos cambios significan avance, un paso fructífero, pero hay otros, que representan un total retroceso social, un menoscabo en los principios y valores que nos identifican.

Muchos han sido los personajes tanto de la vida pública, política, como ciudadanos comunes y corrientes, interesados en que se haga una reestructuración acerca de la despenalización del aborto, considerando, según ellos, que debe hacerse una ampliación en los casos en que procede la despenalización, extendiendo las tres causales previstas en la Sentencia C-355 de 2006, a otros casos, solicitándole a la Corte Constitucional que sea permitido el aborto en cualquier caso, hasta la semana 12 de gestación. ¡Insólito!.

Por fortuna, o más bien para mayor tranquilidad de quienes consideramos que la vida y la dignidad humana no son principios que están en el texto superior por estar, sino que están instituidos para su observancia y respeto, la honorable Corte Constitucional determinó dejar incolume las tres causales de despenalización del aborto, tal y como lo previó en el 2006. ¡Muy bien!.

Es completamente cierto que nuestra legislación civil, en tratándose de la “persona humana”, ha establecido específicamente en el código civil colombiano, las condiciones normativas de la existencia y fin de toda persona, consagrando que: “(…) Artículo 90 C.C. La existencia legal de toda persona principio al nacer, esto es, al separarse completamente de su madre. La criatura que muere en el vientre materno, o que perece antes de estar completamente separada de su madre, que no haya sobrevivo a la separación un momento siquiera, se reputará no haber existido jamás (…)”. Lo anterior quiere decir que para considerarse persona humana en Colombia, se tiene que obligatoriamente cumplir con estos presupuestos de ley. Pero, no es menos cierto que el comienzo de la vida es, para muchos, un tema de apreciación subjetiva, como quiera que algunos consideran que se empieza a vivir desde ese preciso momento en el que se planifica traer a un niño o niña al mundo, otros considerarán que no obstante de estar la mujer en estado de embarazo, aún no hay vida porque no ha nacido en los términos del artículo 90 del código civil, mientras que otros, piensan con total convicción, que es un error garrafal, y que la única y mejor opción es interrumpir ese embarazo, por considerar que es una “cosa” sin sentido y que es la culpable de sus males.

Según estudios psicológicos, y con los cuales estoy de acuerdo, las personas no cuentan con suficiente información educacional que les permita adoptar decisiones sabias, alejadas de caprichos o fatales injustificaciones, cuando la verdadera fuente generadora de esa situación tan literalmente embarazosa, es precisamente la irreparable vida de sexual, la falta de prevención, falta de criterios bien definidos para asumir roles, para luego escudarnos en aspectos como: la difícil situación económica y laboral, temprana edad para ostentar la calidad de padres de familia, etapas de la vida pendientes por quemar, entre otros aspectos que aparecen como excusas cuando se está frente a una situación de tal envergadura, optando entonces por el camino más fácil; el aborto provocado o voluntario, sin tomar en cuenta el alto riesgo de efectuarlo de manera irresponsable, y, de paso, suprimiendo sin piedad una vida.

Solución: ¿Es educacional el problema?, ¿Será un asunto de mera conciencia y sensibilidad humana?, ¿Será un asunto de responsabilidad del Estado?, ¿Será un tema propio de valores y principios adquiridos en la familia?. La respuesta, sólo la tiene usted, el lector, que con base en sus convicciones morales, principios, valores, realidad social, más allá de las prohibiciones, estipulaciones, causales y permisos legales, podrá responder el cuestionamiento objeto de análisis.

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