¿Es hora de exigir responsabilidad social a los ‘influencers’?

¿Es hora de exigir responsabilidad social a los ‘influencers’?

Hoy por hoy, cuando el país vive más de cinco días de protestas en donde una ciudadanía, en su mayoría libre, convoca a exigir un cambio en la forma de gobernar; unos otros desadaptados crean el caos e inculcan el miedo en otro gran sector de los colombianos que le temen a más episodios de violencia y las autoridades emprenden una defensa que en ocasiones termina siendo cruel al tratar de garantizar el orden público, es válido pensar en nuestra responsabilidad social como individuos. Es justo ahí, cuando la polarización permea entre esa delgada linea de buscar el cambio y crear el caos y los ciudadanos terminamos por cuestionar nuestro papel en sociedad.

 

Madres, víctimas, desplazados, sindicalistas, estudiantes, adultos mayores, pensionados, artistas y hasta influenciadores han participado de esta jornada de huelgas que han demostrado un hecho histórico: y es que sin duda no somos la misma sociedad de años atrás, sobre todo, en un país como Colombia que culturalmente no tiene tradición de protesta. Los historiadores han expresado que el último gran paro ocurrió en 1977 cuando la ciudadanía pusocontras las cuerdas al gobierno del liberal Alfonso López Michelsen.

 

Y es otra vez ahí, cuando analizamos el qué de estas nuevas generaciones para movilizarse de tal manera y paralizar la agenda nacional y decirle no al sistema pensional, educativo y hasta  a la forma de gobernar. Se sabe que en los últimos años han habido expresiones contundentes en las calles, como el paro de coteros e indígenas contra el gobierno de Uribe en 2008 y el paro agrario contra Juan Manuel Santos en 2013, o la marcha contras las FARC en 2008 y la que pedía la implementación del acuerdo de paz un día después de que fuera rechazado en un plebiscito en 2016. Pero lo ocurrido esta última semana fue un shock contundente donde la mayoría de los gremios se sumaron a las manifestaciones.

 

Y justo cuando nos preguntamos sobre los qué y los porqué, no cabe duda, que la era digital y la convergencia de una ciudadanía conectada y participativa ha sido en gran medida el detonante para unirnos como sociedad y exigir un mejor país. Y no es que antes estuviéramos más reprimidos y menos alentadores, tan solo los protagonistas de hoy son otros y las plataformas tienen mayor efecto ante la existencia de internet y las mal llamadas redes sociales, donde cada hecho surge, circula, se replica, se reproduce y viraliza con más rapidez.

 

Ahí donde nos preguntamos por nuestro papel en la sociedad contemporánea conectada cabe cuestionarse también por los polémicos personajes que crecen como espuma a cada instante en la web y que hoy son noticia nacional en esta agenda de movilizaciones sociales en Colombia y en el mundo: los influencers, instagramers, youtubers, artistas y demás personalidades de este nuevo  escenario del espectáculo que se ha trasladado a las redes sociales. Hoy ellos también son noticia, o no precisamente por sus nuevas canciones o concursos masivos de regalos de Iphones y hasta cirugías plásticas, sino por los cuestionamientos que están haciendo los ciudadanos del común ante sus pronunciamientos sobre la situación político social que vive Colombia.

 

Hoy la presión que tienen estas personalidades es inmensa y el reto de tomar partido ante alguno de los dos bandos que tiene dividido y polarizado el país es una decisión de armas tomar, y no precisamente de las que matan a un corazón exigiendo paz para un país en medio de la protesta o de las que han ahogado los sueños de jóvenes como Dylan Cruz que hoy se debate entre la vida y la muerte. Sino de la posibilidad de entender el país y tomar voz y voto superando las barreras de la posibilidad de perder likes, o ante el otro gran extremo de no espectaculizar las protestas para lo contrario: aprovecharse de la coyuntura y ganar adeptos por su posición política que en ocasiones ralla en el melodrama (todo ello sin robarle justamente lo real al drama del país).

 

Ante este panorama a la fecha ya a varios les cerraron las cuentas de Instagram como a Mauricio Gómez, reconocido en el mundo de Instagram cómo La Liendra; a Maluma y a J Balvin le llueven cientos de comentarios en sus fotografías criticándoles la ausencia de una posición y tomar partido de las huelgas. Y hasta la joven Karol Alcendra, que se denomina influencer en Cartagena, se convirtió en tendencia local por la cantidad de críticas y adjetivos peyorativos por unas historias donde expresaba que no marcharía por cualquier cosa…”. Un panorama fuertísimo de polarización donde los que plantean un criterio tendrán sí o sí adeptos y enemigos.

 

Sin embargo, hay un gran cúmulo de personalidades que han expresado que no hay que incluir la política en este mundo del espectáculo luego de que muchos tildaran de banal a quienes se han mantenido en el centro y han preferido callar. Es ahí cuando es válido preguntarnos ¿cuál es el papel que deben tener estos influenciadores en la política y en la construcción de una visión de país y sociedad?

 

Algunos harán alusión al famoso refrán al pan, pan y al vino vino. Y sí, sonaría ofensivo exigir actos contundentes en la política a quien me sugiere el mejor lugar para hacer la rumba de mi cumpleaños, pero el problema es más complejo de lo que parece. Y es preguntarnos sobre la capacidad de influir y de convertirse en lideres de opinión de estos personajes y sabemos de antemano que es grandísima. Entonces en ese panorama es cuando la pregunta debe rondar hacía la responsabilidad social que deberían tener los influenciadores con la audiencia que es la que finalmente los hace importantes. Sí, claro que son lo que son por su contenido, ese que en ocasiones duran horas planeando y necesita una audacia para producir, pero más allá de ese trabajo, sabemos que el contenido no sería posible y masivo sin una audiencia que lo consume.

 

¿Acaso los influencers no tienen una responsabilidad legal, social y ética en este mundo web? Y la respuesta es rotundamente sí. Ya basta de escudarnos en la libertad para excusar la banalización. No se trata de imponer acciones, pero sí de exigir responsabilidades para con la audiencia que entrega su confianza como seguidor y que le aporta credibilidad a un ser humano que monetiza de acuerdo a la capacidad de influir precisamente en esta audiencia. ¿Por qué si a un periodista se le exige responsabilidad social en el ejercicio de sus acciones al influencer no? ¿por qué no empezamos a tratar legalmente a los influencers como lo que son? como una persona jurídica con libertades y derechos pero también con deberes en sociedad.  

 

Debemos entender que la libertad de expresión termina donde se comienza a hacerle daño al otro, pues la responsabilidad social de un influencerdebe ser la misma que tiene cualquier entidad o empresa. Incluso la responsabilidad es nuestra, porque muchas veces validamos contenidos ofensivos y discriminatorios. Porque la libertad de tomar una posición política como individuo en una democracia no debería inundar una indiferencia desmesurada o mucho peor, desinformar a los ciudadanos y apoyar el autoritarismo.

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