Columnista

La cara del crimen

Por: Enrique del Río González

Abogado, Magister en Derecho, profesor universitario, columnista 

Seguramente han evidenciado algún tipo de prejuicio derivado de la condición física de una persona: rostro, color de piel, vestido, aseo y otros aspectos que para muchos indican prevención o temor. De hecho, grandes luchas se emprenden en pro de evitar cualquier forma de etiquetamiento que advierta acciones discriminatorias, pero lastimosamente ese patrón permanece arraigado en la cultura global.

El 29 de junio de este año, a través del portal El Mundo de Madrid, se notició la existencia de un método informático que permite, por la fisionomía de la cara, determinar si alguien es delincuente. Ese sofisticado algoritmo fue creado en la Universidad de Harrisburg, Pennsylvania, y los resultados serían publicados por Springer Nature. Sin embargo, el rechazo de un sector de la comunidad científica al considerarlo poco sólido, revaluado y prejuicioso, desmotivó las intenciones de la editorial.

Este software puede predecir, supuestamente sin ninguna clase de prejuicio y con exactitud del 80% si alguien es maleante, con fundamento en sus rasgos. Su uso se propone en la industria militar, prevención del delito y la aplicación de la ley. Un mecanismo similar es utilizado como herramienta para el reconocimiento facial.  

Tal hipótesis ya había sido ensayada con técnicas rudimentarias mediante la denominada frenología del siglo XIX, que pretendió justamente identificar tendencias facinerosas derivadas de la forma del cráneo, cabeza y facciones. También es reconocida la teoría del delincuente nato, propuesta por el médico y criminólogo italiano Cesare Lombroso, fundador de la escuela positivista del derecho penal, según la cual, la criminalidad tiene causas físicas y biológicas, es decir, una predisposición genética que se observa en la asimetría craneana, mandíbula, orejas, arcos superciliares, brazos largos entre otros.

Resultaría un arrojo revivir pensamientos que pretendan identificar al delincuente por su complexión, es un método equívoco y racista que desdice del derecho penal de acto y vuelve al peligrosismo, la criminalidad surge de múltiples etiologías, entre ellas los factores sociales, antropológicos, psicológicos e incluso políticos.

Debo resaltar dos aristas. Primera, el criminal es poliédrico, con cualquier cara por más simétrica puede aparecer uno. La segunda, las personas suelen ser erráticas al juzgar cuando de fachadas se trata, tenemos la tendencia marcada a la “pereidolia lo que impide una conclusión objetiva derivada exclusivamente del aspecto. Como dijo Moliere “Las apariencias engañan la mayoría de las veces; no siempre hay que juzgar por lo que se ve”. Nada más vergonzoso que perfilar a los individuos por su físico, es una práctica censurable que debe ser eliminada principalmente de nuestros corazones.

                         

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