Columnista

La familia y el divorcio en un país feliz

Por: Jean Carlos Díaz Reales

Colombia es, según estudios, uno de los países más felices de América, con todos los crueles desmanes que día a día ocurren, con el generalizado mal de la corrupción que, al parecer, no se ha encontrado el antídoto perfecto que ponga fin a tan peligroso virus. Somos colombianos felices porque celebramos los triunfos de nuestras amada selección colombiana de fútbol, apostamos cualquier centavo por el equipo campeón de la copa en el fútbol profesional colombiano, tenemos el mejor café del mundo, dos carnavales declarados por la UNESCO como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, nuestros atletas constantemente nos regalan oro, bronce, plata, y ni qué decir de nuestros artistas musicales que han enaltecido el nombre de colombia en el mundo entero. ¡Que orgullo!

Pero, ¿Qué tan cierto es que nuestra sociedad colombiana es una de las más felices? ¿Será que todas esas cualidades materiales, deportivas y artísticas son los suficientemente determinantes para considerarnos uno de los países “más felices del mundo”?, ¿Y si nos preguntamos porqué según la SUPERINTENDENCIA DE NOTARIADO Y REGISTRO en colombia cada vez es más alta la cifra de divorcios?, ¿Por qué cada vez más las familias son disfuncionales?, ¿Por qué cada vez más aumentan los índices de violencia intrafamiliar?, ¿Será que todos estos patrones de conductas, tendientes a destruir la unidad familiar como institución básica de la sociedad, también nos ubica entre los más felices del mundo?.

Sea lo primero decir entonces que la familia, considerada como la institución básica, se constituye como el núcleo esencial de toda sociedad, por lo que su protección es una tarea imprescindible de todas las autoridades y demás mienbros de una determinada población. Sin embargo, la familia ha sido por un buen periodo objeto de agresiones, vulneraciones, agravios, lo que se traduce en “violencia intrafamiliar”, un flagelo lamentable en las sociedades de hoy, y desafortunadamente colombia, el país “más feliz del mundo”, no es ajeno a ello. Pero, ¿cuál sería la mejor manera de evitar la violencia en la familia?.

Pues bien, siempre se ha sostenido con un alto grado de certeza que la mejor manera de aminorar la violencia en todas sus modalidades es a través de la educación, pilar fundamental que aporta significativamente un grano de arena y que ayuda a la formación de mejores ciudadanos, con hábitos y modales que lo hacen un ser pensante y racional. Para lograr este objetivo en el ser humano, es sumamente importante que esa educación y/o enseñanza sea idónea, sustentada a través de herramientas pedagógicas efectivas, de tal manera que la persona, (niño, niña, adolescente o adulto), pueda adquirir una formación en valores que le permitan pensar mejor antes de actuar, tener la capacidad de comprender el alcance de sus actos, las consecuencias de la violencia, la enorme importancia del respeto hacia los demás, la tolerancia y la empatía con el otro.

De la anterior reflexión, conviene preguntarnos: ¿Qué están haciendo las autoridades estatales para proteger a la familia?, ¿Se está llevando un mensaje educacional idóneo?, ¿Se cumple el mandato constitucional consagrado en el artículo 5 superior, que textualmente dice: “(…) El estado reconoce, sin discriminacion alguna, la primacía de los derechos inalienables de la persona y ampara a la familia como institución básica de la sociedad(…)”.

¿Será entonces un problema educacional o de toma de conciencia de cada individuo?.

En cuanto al divorcio, figura jurídica para disolver el vínculo matrimonial, cualquiera que sea su origen, Civil o Relogioso, es lamentable que hoy por hoy, muchas parejas, especialmente cónyuges, demoren más en el trámite del matrimonio, la organización de la fiesta, la luna de miel, que lo que duran casados. El motivo: la infidelidad a flor de piel, la deslealtad, la falta de compromiso, hoy nuestra sociedad cuenta con parejas de casados que no están dispuestos a soltar un rol y asumir otro, a verdaderamente amar, respetar, pretendemos estar “casados” pero simultáneamente hablar con otra persona, aprovechar el tiempo laboral de esa o ese cónyuge para escribirle a un tercero o tercera, y, todo con la justificación de que “se la pasa mucho tiempo trabajando y no me dedica tiempo”, lo que nos convierte en legisladores, ya que estamos agregándole una causal más de divorcio a las taxativamente señaladas por el código civil.

Y esta es la sociedad Colombiana que día a día, construimos. ¿Será entonces que somos uno de los países más felices del mundo?. Juzguen ustedes.

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