Columnista

La inmarcesible lucha

Por: Jean Díaz

A todos nos preocupa la dura realidad social que desde mucho tiempo ha vivido y aún con más intensidad está viviendo Colombia por estos días, en pleno siglo XXI; situaciones de orden público, bloqueos de principales avenidas, marchas y paros organizados desde distintos entes territoriales, públicos y privados, el deplorable funcionamiento del sistema general de salud, la difícil situación de casos de “justicia por mano propia”, el más reciente comunicado del grupo guerrillero ELN con amenaza de paro armado, el polémico y descabellado anuncio de una eventual Reforma Laboral, entre otros temas. Los anteriores desmanes, se suman a otro mal, uno que, en las últimas semanas, ha tomado muchísima fuerza, expandiéndose como virus por todo el territorio nacional; el cual es la delincuencia común, la altísima ola de inseguridad, acompañada de hurtos en todas sus modalidades.

Frente a esa descripción de situaciones desafortunadas que día a día nos atemorizan, y que son, como diríamos los abogados: hechos notorios, en razón a que son de público conocimiento, resulta interesante preguntarnos: ¿Habrá algo más fuerte que esto? La respuesta, a mi juicio, SÍ. Se llama indiferencia, intolerancia de nuestros compatriotas frente a eventos descomunales. Por ejemplo, el pasado 8 de febrero de 2020, conocimos la triste y desgarradora noticia del homicidio de un hincha del America. La razón de su injusta y temprana muerte: lucir la camiseta de su equipo de fútbol, un lamentable suceso que nos aguó y entristeció el corazón, ver esas terribles imágenes justo cuando el joven fanático del fútbol, agonizaba por su vida, apoyado de un automóvil particular, a lo mejor pidiendo ayuda, auxilio, sin contar que la puñalada más fuerte la estaba recibiendo precisamente en ese momento, con el arma blanca de la INDIFERENCIA. Un acto que, dicho sea de paso, deja mucho que decir de la solidaridad del colombiano ante el mundo, sin perder de vista la omisión de socorro. ¡Qué triste! Q.E.P.D.

Las autoridades de Colombia, encargadas de velar por la seguridad, el orden, la vida e integridad física de todos, en cumplimiento de sus mandatos constitucionales y legales, como es la Fuerza Pública, aparentemente están desplegando todos sus operativos en función de tales mandatos, haciendo presencia, según dicen, en todos los rincones de Colombia, a fin de combatir los múltiples flagelos como la criminalidad, que parece, en ocasiones, ganar la batalla ante un Estado Social de Derecho. Esta cruel situación de orden social, no es para nada coherente con un informe divulgado recientemente, donde se dice que “el 2019 fue el mejor año en la historia de la humanidad”, cosa que no se refleja con las tristes noticias que día tras día conocemos.

¿Y qué tal si analizamos la radiografía de nuestra amada Cartagena? Tendríamos que decir, groso modo, que es espeluznante la situación que por estos días se vive en la Heroica en materia de seguridad ciudadana, los ataques o daños materiales injustificados al SISTEMA INTEGRAL DE TRANSPORTE PÚBLICO, los estregados de la delincuencia organizada, el caos vehicular con monumentales trancones, y ni qué decir de la violencia, provocada, en parte, por la indiferencia e intolerancia, un mal generalizado, presente en muchas sociedades de hoy, el que más contribuye en las riñas con desenlaces fatales, ¿y todo porqué?. Porque vivimos en una sociedad donde pretendemos que sean las autoridades (policiales, administrativas, cívicas, etc), las únicas responsables de velar porque estos lamentables casos disminuyan o simplemente no se presenten, olvidando, por completo, que la principal lucha por la erradicación de estos males sociales la debemos dar nosotros, si, nosotros los ciudadanos, aplicando valores como LA TOLETANCIA, EL RESPETO, LA EMPATÍA, y, algo más importante; dejando a un lado la indiferencia ante hechos que pongan en inminente peligro la vida e integridad física de nuestros congéneres, ejercicio que de ponerse en práctica, reduciría ostensiblemente el alto índice de violencia y de hechos lamentables.

Por supuesto que las autoridades de Colombia están instituidas para protegernos a todos, por supuesto que el Estado, a través de la Fiscalía General de la Nación, tiene la obligación legal y constitucional de adelantar el ejercicio de la acción penal, investigar los hechos que revistan las características de un delito, la jurisdicción del Estado tiene la obligación de sancionar drásticamente las conductas atentatorias contra el normal funcionamiento de la sociedad, luchar por combatir la delincuencia común, luchar por aprehender a quienes ponen en jaque la sana convivencia social.

Pero…¿Y la lucha por ser cada día más comprensivo, tolerante, respetuoso, mejor ciudadano, poseedor de un sentido de pertenencia de lo público, actuar con fines altruistas y no indiferentes?, ¿quien tiene esa carga?

La anterior reflexión me conlleva a decir que la lucha principal es esa, la de conseguir una armonía y paz con la sociedad en la que vivo, cambiar el paradigma de que el Estado Social de Derecho es solo la salvaguarda de la dignidad humana y la prevalencia del interés general.

Ya decía el sociólogo Pierre Bourdieu: “(…) el sociólogo, al igual que el herrero o el obrero manual, debe permanentemente mejorar sus herramientas (…)”.

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