Columnista

La segunda capital

Por: Ezzer Mattos

¿Por qué Cartagena no avanza? En charla con un amigo de infancia, nos planteamos esta pregunta  y hemos establecido que se debe al  desconocer nuestra identidad como caribeños y como costeños, dado que importamos tradiciones de culturas de otros hemisferios que consideramos  superiores desde el punto de vista de aceptación social en comparación a la nuestra.

Al desconocer nuestra idiosincracia, no sentimos amor propio por nuestra ciudad y sociedad, no tenemos sentido de pertenencia, no la valoramos, no somos dolientes de los vejámenes soportados por la clase política, industrial, empresarial que durante toda la historia, se han aprovechado de esa situación para hacer y deshacer en nuestro corralito de piedra lo que su voluntad les dicta.

Las elites rentistas destruyen las tradiciones para mantener su status quo, y estas mismas están dispuestas a sacrificar sus utilidades con tal de que el ciudadano promedio no pueda mejorar social y económicamente; cuando las personas tienen mayor capacidad de compra, se genera un circulo virtuoso en el que las empresas crecen y el trabajador también, por ende aumentan las utilidades de los empresarios y se genera mayor empleo al incrementar la demanda y no se entiende como la segunda capital de Colombia, caracterizada por tener una ubicación geográfica estratégica, rica en ventajas comparativas, no haya tenido el mismo desarrollo, o por lo menos un desarrollo apenas semejante como estas grandes ciudades costeras: Barcelona (España), New York (Estados Unidos), Sidney (Australia).

Para no irnos mas lejos, en mi percepción considero que nuestros hermanos barranquilleros (cuyo carnaval bebió de las aguas de nuestras fiestas de independencia), hoy en día se sienten orgullosos de su ciudad, de su carnaval, del Junior que representa la identidad barranquillera e incluso costeña, porque en cualquier lugar del país asocian a los costeños con este equipo; tan orgullosos están de su cultura, de su identidad e idiosincracia que hasta quieren montar presidente, haciendo creer que que será el primer costeño en serlo.

 Al parecer, es cierto que al final del túnel oscuro y lleno de penumbras, si hay una luz al final, y lo digo al vivir el despertar de la sociedad cuando en un grito nuevo de independencia, sostenido en un puño y plasmado en un papel, se eligió un alcalde cartagenero (doliente, exiliado por las mismas elite, pero volviendo con aura esperanzadora), que promete devolvernos el sentido de pertenencia y amor propio que no es egoísta, ni mezquino, haciendo que la comunidad cartagenera que ha sido marginada y que es rica en cultura propia, vuelva a ser visibilizada y un ejemplo vivo es su primera dama.

Pd: Expreso mi mas sincera gratitud a mi profesor de sociología jurídica, Fernando Antonio Herazo Girón y su inmortal alegría. Que en paz descanse.

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