Columnista

Ni zancadillas ni “ahí viene el lobo”

Por: Carlos Díaz Redondo

Cartagena está hoy doblemente conmocionada: el porcentaje de muertes por el COVID-19 asusta y el alcalde con los Concejales se encanatan en una pelea de pueblo pequeño y pobre. De nuevo nuestro alcalde es protagonista de este penoso espectáculo.

En la ciudad somos hoy muchos los que, por lo reiterado de los hechos, nos entra la duda y nos preocupa que esa actitud sea parte de una estrategia para desviar el foco de atención por las críticas a la falta de un manejo aplomado de las riendas del Distrito.

Se podria pensar que, a quien en su vida pública se le ha conocido y reconocido por su talante confrontacionista, esté actuando deliberadamente en estos momentos de estrés e impotencia.

Lo cierto es que no han sido buenos momentos para la administración, y los hechos, entre ellos sus propios errores producto de la improvisación y la ligereza le han puesto en serios aprietos. La expedición de decretos, nombramientos, contratos y declaraciones que han tenido que revocarse por inconvenientes o por fallas en su formulación han sido tema casi diario en estos meses, los cuales han sido difundidos con cierta perversidad por los opositores al gobierno.

Ante esto, parece que la defensa ha sido llevar el foco de atención a una contienda con el Concejo. Esta estrategia podría ser un buen capotazo a la adversidad, mas no una solución al problema. Sin embargo en el Palacio de la Aduana piensan que una jugada audaz es tener de contendor al Concejo de Cartagena, una institución, desde hace rato desgastada, desacreditada y estigmatizada como corrupta, corresponsable de la triste e indignante situación que vive la ciudad.

Y en esto tiene la razón el Alcalde Dau; por eso, recibe apoyo de ciertos sectores gremiales y ciudadanos; unos, fastidiados de tanta corrupción y otros, ansiosos de entrar a participar en el manejo del presupuesto y de las decisiones del gobierno.

¿Pero eso le sirve a la ciudad en estos momentos en que se necesita y se reclama solidaridad, unidad y buen comportamiento de todos?

El momento demanda cabeza fría y es obvio que la cabeza está caliente. Una actitud serena del alcalde ayudará también a producir seguridad y acertividad en sus buenos funcionarios, que ya en parte de ellos, se les nota cansancio e intolerancia ante las críticas, tal vez infundadas, de algunos ciudadanos.

Cartagena no puede dejar pasar esta oportunidad para sacudirse de la corrupción que tanto daño nos ha hecho, es un clamor ciudadano que compartimos y apoyamos todos, por eso no podemos callar. Es bueno recordar que el Alcalde y los Concejales fueron elegidos el mismo día por los cartageneros; y si bien ese favor lo recibieron de una minoría más grande con respecto las otras minorías en que estuvo alineado el electorado, hay una mayoría que se avergüenza de estos hechos, no desea ser arrastrada en la corriente de odio y rencor en que están convirtiendo nuestra cotidianidad y que espera grandeza en sus dirigentes.

Los hechos de buen gobierno son los que deben hablar. El respeto por quienes le votaron pero especialmente por quienes no lo hicieron es lo menos que se espera de un Concejo que ha estado distante del verdadero deseo ciudadano.

La solidaridad y el respeto por el otro son imprescindibles hoy. No es hora de zancadillas ni de salir a gritar: «¡ahí viene el lobo!»

¡Lo que es con Cartagena es conmigo!

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