¿Qué pasó con Lucho ‘El embolador’ que llegó al concejo de Bogotá?

¿Qué pasó con Lucho ‘El embolador’ que llegó al concejo de Bogotá?

‘La Gloria de Lucho’, la nueva novela que está en los primeros lugares del rating de Colombia trajo al escenario mediático nuevamente a Luis Eduardo Díaz, el embolador de la Plaza de Bolívar que un buen día decidió lanzarse al concejo de Bogotá y, contra todo pronóstico, ganó y se posesionó como concejal a principios del nuevo milenio.

 

Aún recuerda cuando el abogado y profesor de derecho público de una prestigiosa universidad de Bogotá, César Rosas, se le acercó para ofrecerle lo que parecía una idea loca: lanzarse al concejo de la capital colombiana. El embolador, con su particular sonrisa que llenaba de alegría a todos los que llegaban a su sitio de trabajo, recordaba vagamente a Heriberto de La Calle, el lustrador de botas de Jaime Garzón.

 

Su campaña costó la módica suma de 80.000 pesos, es decir, nada. Apenas si entregó algunos volantes fotocopiados donde le decía a la gente que casilla marcar, ya que sufrió de discriminación en la Registraduría pues no le tomaron la fotografía para que apareciera en el cartón por estar “mal vestido y mal presentado”.

 

Un domingo 29 de octubre de 1999, mientras estaba sentado viendo la televisión con su esposa e hijos en su casa del barrio Diana Turbay recibió la noticia que le cambiaría la vida: “ya eres concejal” le dijo un asesor del abogado que creyó en él. A vuelo de pájaro se divulgó la noticia que acaparó todos los medios nacionales e internacionales, un embolador acababa de obtener un puesto en el Concejo de Bogotá tras haber obtenido 18.500 votos, una cifra impresionante para alguien que nunca había estado en la esfera política.

 

Del anonimato pasó al estrellato, era lo más parecido a un artista de pop mundial en Colombia. No solo llamó la atención en los corredisos de la política, si no también en los medios de comunicación. La revista Soho lo quiso desnudar, incluso apareció en el programa Yo José Gabriel. Sin embargo siempre existen aquellos resentidos que sacan hasta los pormenores y a Lucho le salió parte de su pasado oscuro.

 

Volvió aparecer la afición de la bebida y, además, le recriminaron los presuntos hurtos que había cometido para poder llevarle algo de comer a su familia y salvar la vida de su hija que presentaba quemaduras que la tenían pendiendo de un hilo con la muerte, por lo que fue inhabilitado por la procuraduría en 2004 a 13 años sin presencia en el mundo político.  

 

A pesar de que el sueño en vida haya durado poco, lucho nunca ha dejado de sonreír. Desde hace seis años tiene un puesto de empanadas y tintos con los que saca honestamente a su familia adelante, gracias a su esposa Gloria, que ha estado en las buenas y en las malas apoyando siempre al exconcejal. Algunos que llegan a su negocio lo reconocen, y es que es difícil olvidar a alguien que impactó mediáticamente el Concejo de Bogotá.

 

Ahora busca emerger nuevamente de las cenizas, pues hace poco se posesionó como asistente del concejal Álvaro Acevedo, del Partido Liberal. Digamos que todo gracias a “La Gloria de lucho”.