Columnista

Deseos para el Año Nuevo

Por: Enrique del Río González

Abogado, Magister en Derecho, profesor universitario, columnista

Parece que hay consenso sobre lo nefasto que fue el agonizante 2020, el diciembre pasado lo recibíamos con muchas ilusiones y esperanzas, las que rápidamente se diluyeron ante las tempranas noticias negativas que aparecieron en efecto bola de nieve. La llegada del Covid-19 y sus trágicos efectos confirmaron lo endeble de la humanidad, pues la muerte, como siempre, no distinguió entre ricos y pobres. Se reveló lo mal que está el sistema de salud y que la economía, al igual que todo lo material, pende de un delgado hilo.

Aquella nueva realidad debió ablandar los corazones duros, seguramente ocurrió así para algunas personas, pero en otras despertó el instinto de maldad a todo motor. Así lo evidencia la notable falta de solidaridad, egoísmo y batallas incesantes por las temáticas más insulsas que podemos imaginar. Nuestro país es el reflejo del odio, en cada esquina se evidencia repulsión y envidia. Aun así, la esperanza de cambios positivos sigue latente, a la espera de un milagro que anide el amor en la humanidad, ahí está la clave.

Para el venidero 2021 deseo que se restablezca rápida y totalmente la salud de los enfermos, que todos puedan recibir una atención médica adecuada dentro del estándar de dignidad y la vacuna sea un éxito total y asequible; que los fallecidos tengan un descanso eterno y a sus familias les llegue la resignación y fuerzas necesarias para aceptar el irremediable destino. 

Que los actores políticos renuncien al ego y busquen caminos diplomáticos para poner fin a las rencillas por el bien de la comunidad en el marco democrático. Que la libertad de expresión no sea instrumentalizada sagazmente para lacerar la dignidad moral ajena y mucho menos para favorecer el vulgar populismo. Que los murmuradores pongan filtros a sus comentarios, ojalá verificando mínimamente la veracidad de lo trasmitido.  

Que la empatía no sea únicamente una palabra de frecuente uso, que su real dimensión se interiorice. El secreto es comprender al otro amorosamente y evitar la transmisión del peor mal de todos los tiempos, el rencor.    

Que la vida nos provea de amistades sinceras, leales y duraderas, aquellas que se regocijan de los aciertos del prójimo y se preocupan por sus desventuras, procurando siempre un desinteresado apoyo. Como lo decía Pessoa: “…No quiero sólo el hombro o el regazo, quiero también su mayor alegría. El amigo que no sabe reír conmigo, no sabe sufrir conmigo. Estoy seguro de que una cadena de amistad nos garantizará un año de felicidad en el que seguramente habrá tropiezos, pero serán inferiores a la solidaridad que entraña el amor fraternal.

¡Feliz y bendecido año 2021!    

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