Columnista

El antagonista en tiempos de pandemia

Por: Jean Díaz

Colombia, y el mundo entero, atraviesa en estos momentos por una de las situaciones de salud pública más relevantes y angustiosas de los últimos tiempos, un giro trascendental con desgarradores y tristes episodios en materia de salud, que ha cobrado lastimosamente la vida de muchísimas personas, lo que indiscutiblemente nos genera miedo, frustraciones, prevención e incertidumbre; pues aun no contamos con el antídoto científico, que pueda contrarrestar significativamente la enfermedad del coronavirus COVID-19.

En esta oportunidad no ahondaré en las cifras de los casos confirmados, en el número de muertes, o en las estadísticas de las pruebas realizadas, pues creo que de ello tenemos suficiente ilustración gracias al invaluable trabajo de los medios de comunicación y periodistas que nos mantienen informados, cumpliendo la tarea desde sus respectivas casas. A ellos, ¡GRACIAS!

Siempre se ha sostenido, con gran criterio, que “al mal tiempo; buena cara”, adagio muy popular que se emplea en tiempos de crisis ya sea económica, social, política, ecológica, laboral, y que implica mantener una actitud positiva y, sobretodo, de interés solidario, mientras se resuelve el asunto. Sin embargo, a juicio personal, pero con la absoluta certeza que muchos se identificaran y estarán muy de acuerdo con este criterio, ese adagio popular ha sido el gran ausente en medio de la pandemia que vive el mundo, pues contrario a lo que se cree en las redes sociales, por ejemplo, podemos ver como esa “buena cara” en lugar de mantenerla positiva, se cambia por una cara destructiva de las buenas intenciones, donde lazamos comentarios o juicios a priori contra nuestros mandatarios y sus respectivos equipos de trabajos.

Es completamente cierto y desafortunado que vivimos en una sociedad cansada de la ola de corrupción, de la negligencia de algunos sectores estatales que no cumplen a cabalidad los mandatos constitucionales y legales a favor de todos los ciudadanos, que desde tiempos remotos han existido divisiones y polarizaciones políticas, sigue habiendo reproches sociales contra un determinado sistema de gobierno, o también esos detractores u opositores de una administración, sea esta del orden municipal, Distrital, departamental y por supuesto nacional.

A pesar de todo lo anteriormente dicho, pensé que todas esas divisiones y prejuicios tendrían un pare, por lo menos en tiempos de pandemia. Para este momento de crisis, es la oportunidad precisa para demostrar de qué estamos hechos, que esos hermosos principios de dignidad humana, solidaridad y trabajo, a que hace referencia nuestra constitución política, no son letra muerta, que los miembros de la asamblea nacional constituyen, no se equivocaron, ellos los invocaron y plasmaron en el texto superior, porque es lo que nos identifican.

Es muy desafortunado y triste ver como muchos de nuestros compatriotas, ciudadanos colombianos, gente trabajadora, soñadora, talentosa y de gran valor, pero que movidos tal vez por sentimientos de rabia contra la clase política tradicional, por el desfalco a la salud, y por un sinnúmero de situaciones de todo tipo; incurren fácilmente en actitudes negativas que no ayudan en nada a aminorar la dura situación de salubridad que afrontamos, pues aunque no se crea, las palabras tienen poder, invocan realidades tanto positivas como negativas, generan un ambiente diferente, ya sea de tranquilidad, paz, y fe, o bien puede ser de temor o miedo, dependiendo de la actitud.

En tiempos de pandemia, momentos donde la vida nos está presentando un gigantesco desafío por asumir, lo mínimo que esperamos de todos es que la solidaridad sea la protagonista, que si nos vamos a contagiar, que sea de RESPONSABILIDAD, SOLIDADRIDAD entre nosotros mismos y para con los demás, y de GRATITUD por el enorme trabajo que ejecutan nuestros mandatarios.

Es inaudito, que aún en estos tiempos, haya colombianos desplegando conductas contrarias al orden público, lancen deseos de males para el señor presidente; pude leer a muchas personas lamentarse cuando el presidente de la Republica dio negativo para coronavirus, es decir, esperaban con emoción y felicidad que ese resultado fuese positivo. ¡Increíble! Indistintamente de su gobierno, de sus errores, independientemente de nuestras inclinaciones políticas, partidos o movimientos, NO es el momento. Somos expertos en cuestionar el desempeño del gobierno nacional, porque seguimos pensando que esto es una tarea exclusivamente del gobierno, y no, la tarea es de TODOS, ¿Por qué? Porque ninguna nación, por muy poderosa que fuese, estaba preparada para esta situación.

Nos quejamos de las ayudas humanitarias, de las diversas estrategias económicas con base en subsidios (familias en acción, jóvenes en acción, adulto mayor con giros adicionales, devolución del IVA a los más necesitados, ingreso solidario, reconexión del servicio de agua potable para aquellos morosos), planes de alivio de créditos del sector financiero, la financiación de los servicios públicos domiciliarios para estratos socioeconómicos 1,2, y 3, y, aun así, sacamos a reducir el antagonista de esta película mundial llamada COVID-19, cuyo premio óscar se lo llevaría la irresponsabilidad.

Somos magister en tildar todo el tiempo, a todo mundo, de corruptos, y si, es muy cierto que la corrupción es un mal generalizado en muchísimas entidades de nuestro país, y que para esos políticos y/o funcionarios corruptos, deben imponerse las más drásticas sanciones penales y disciplinarias. Pero también debemos concientizarnos que la corrupción comienza desde casa. Si, ese mal nace desde que usted decide maniobrar engañosamente, su contador de energía eléctrica, logrando su cometido de cancelar una tarifa súper económica de $110.000 mil pesos en promedio mensual, teniendo cuatro aires acondicionados, viviendo en estrato 3 y 4. Si analiza que el Estado no es el único corrupto?.

Es inconcebible, y a la vez totalmente extraño, que todas las noches, a las 8:00 pm hora colombiana, salgamos a nuestros balcones a aplaudir y supuestamente rendir tributo, con esa canción de fondo “color esperanza”, de Diego Torres, a todo el profesional de la salud: médicos, enfermeros, especialistas, camilleros, terapeutas, salubristas, y todo el personal que trabaja incansablemente en hospitales y centros médicos, que se juegan sus propias vidas por salvar la de sus pacientes, pero al mismo tiempo, los discriminamos, señalamos, apartamos, vemos con indiferencia o miedo cuando encontramos a uno de esos “héroes”, como ahora les llaman, en algún sitio, es decir, tenemos un gesto altruista para con ellos, pero al día siguiente, son literalmente discriminados en su ser, y en su profesión. Esto, es algo que, a mi juicio, se llama DOBLE MORAL, así, sin tapujos!.
Como puede analizarse entonces, el antagonista de todo esto, (la irresponsabilidad y la indiferencia), pareciera ganarle la batalla al propio protagonista.

La curva epidemiológica no la va a aplanar el presidente de la Republica, ni el Ministerio de Salud y Protección social, ni el Instituto Nacional de Salud, el compromiso es de todos.

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