Columnista

¿Hay qué usar la fuerza?

Por: Oscar Borja

Los disturbios que azotan algunas ciudades de Estados Unidos en protesta por el brutal deceso de George Floyd, ciudadano de origen afro, a quien un agente de policía de Minneapolis se le arrodilló sobre su cuello ocasionándole la muerte; es una prueba que la fuerza y la brutalidad policial es un método aplicado no solo en Colombia.

Por mandato constitucional (artículo 216), la fuerza pública estará integrada, en forma exclusiva por las Fuerzas Militares, y la Policía Nacional. El artículo 218 de la Carta Política, haciendo referencia a la Policía Nacional, contempla: “la Ley organizará el cuerpo de policía. La Policía Nacional es un cuerpo armado permanente de naturaleza civil, a cargo de la Nación, cuyo fin primordial es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz.

La Policía Nacional es una institución amada para muchos y odiada para otros. En común la tristeza, lágrimas y el dolor, acompañan a muchas familias que han visto a sus hijos y padres morir por portar el uniforme y jurar defender la Constitución, la ley y la patria, dando sus vidas por mantener el justo orden; hombres que son dignos de ser llamados héroes, anónimos recordados por sus familiares y olvidados por la institución y por la sociedad que protegieron.

Desde tener precio por sus cabezas, hasta ser vistos como asesinos, culposa o dolosamente, el día a día de la Policía está lleno de escándalos. Como toda historia tiene dos lados, hay policías dispuestos a dar la vida por la institución y por el país, los hay dispuestos a perderla por la ambición, hay quienes la pierden en cumplimento de su deber y hay quienes brutalmente la arrebatan abusando de su poder, algunos golpean adultos mayores, como el caso ocurrido en Bogotá, otros hacen fiesta y se pelean entre ellos mismos, como es el caso de los policías en el centro vacacional en Cartagena, otros salvan vidas. Los héroes son más que los villanos, por eso debemos respetarlos, obedecerles, apoyarlos, por el acto de un solo policía villano o corrupto no podemos juzgar a toda la institución.

Si obedecemos al llamado, a la señal de lo alto, si aprendemos a respetar el uniforme, a no andar diciendo “¿usted no sabe quién soy yo?”, a no tirárnosla de vivos, no será necesaria la utilización de la fuerza por parte de los miembros de la Policía Nacional. Aprendí que para que se forme una pelea se necesita de dos o más personas.

Respetemos a nuestros policías, que los héroes son más que los villanos, aprendamos a tratarlos con respeto y veámoslos como amigos. Su misión es defendernos, cuidarnos y protegernos, debemos respetarlos y obedecer cuando los agentes del orden  en ejercicio de sus funciones requieran algo de nosotros.          

       

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