Columnista

Inoportuna ingratitud

Por: Enrique del Río González

Abogado, magíster en derecho, profesor universitario, columnista.


¿Y acaso alguna será
oportuna? desde luego pienso que ninguna ingratitud lo es, sobre todo en aquel mundo ideal y anhelado, donde los corazones son solidarios, abunda el amor, la paz y armonía; justo ese en el cual no estamos, sería infantil desconocer que en realidad vivimos en una sociedad de odios, donde absurdamente se destila rencor ilógico y abunda el egoísmo. Los acontecimientos del diario vivir lo reafirman al punto que la esperanza de cambio se torna cada vez más irrealizable.

Justamente los recientes sucesos causan mi inusual escepticismo, evidenciar que un grupo de personas incitan irracionalmente la matanza de los médicos al considerarlos responsables de la pandemia, es un disparatado patrón de hostigamiento sistemático, iniciado con el estigma que les procuró la presencia en primera línea de contagio, no por irresponsables, paradójicamente por luchar valientemente contra el mortal virus buscando cumplir la loable misión de salvar vidas, incluso exponiendo las suyas.

Lamentablemente, nuestro personal clínico además de enfrentar el coronavirus en condiciones precarias de bioseguridad, sin dotación, con salarios pírricos, alejados y arriesgando a sus familias; les toca sortear la inadmisible malignidad humana. Lo propio sucede con los pacientes infectados que no solo luchan contra la enfermedad, sino que a la vez son víctimas de segregación, e increíblemente, se ha pretendido su linchamiento, como si la endémica virosis no pudiera fácilmente posarse en cualquiera.

Hemos llegado al extremo de usar el Covid19 como instrumento ofensivo y peor aún, sentir humillación al ser relacionados con el padecimiento, como si se tratara de una situación de inusitada ocurrencia que pudiera ser motivo de vergüenza. Entendemos el distanciamiento por autoprotección, pero jamás los actos de discriminación.    

No es oportuno desatar la maldad, nunca lo ha sido, pero ahora resulta también inconveniente e innecesario, se requiere armonía total para salir juntos de este mal momento. No es hora del cruel abandono, es momento de que quienes puedan den su apoyo al prójimo, corresponde ser solidarios y agradecidos, principalmente con la vidabque nos dio la oportunidad de servir desde una posición privilegiada.

Demostremos que García Márquez no tenía razón cuando sentenció: “La ingratitud humada no tiene límites” y tampoco Séneca al decir: “Nadie apunta en su agenda los favores recibidos” no podemos olvidar ni lacerar a quienes enfrentan la batalla contra la pandemia solo por vocación de servicio a la humanidad. Para los galenos y todo el personal de la salud, el máximo respeto y agradecimiento; a los enfermos, deseos de pronta y total recuperación; y para los ingratos... para ellos un llamado a la reflexión amorosa; la empatía es el sentimiento oportuno.          

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba