Editorial

Instituciones, dignidad y carácter

Uno de los elementos fundamentales de las democracias modernas, el pensamiento social y el desarrollo de los pueblos, son las instituciones. Se entiende a las instituciones como estamentos, personas, normas, leyes, costumbres y comportamientos.

Las instituciones contribuyen a la organización del Estado, el funcionamiento de la economía, la estabilidad política y el orden social. Sin instituciones sólidas no hay gobiernos estables, economías fuertes ni sociedades organizadas y progresistas.

Es de trascendental importancia para una nación contar con instituciones que permanezcan en el tiempo y le garanticen a la población que se mantenga el acuerdo social y el Estado de derecho. Nada más peligroso que instituciones débiles para una comunidad.

La Universidad de Cartagena, creada por los libertadores Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, está próxima a cumplir 200 años de fundada (1827-2027). Es la institución universitaria más importante del Caribe colombiano. La primera universidad que en esta región recibió la acreditación institucional de alta calidad. La Universidad de Cartagena es la institución con mayor capacidad de movilización social en el norte del país.

La Universidad de Cartagena ha recibido en sus aulas a personas que nos llenan de orgullo ante el mundo. No solo Rafael Nuñez, cinco veces Presidente de la República, o Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura, sino a una gran cantidad profesionales que han contribuido a la transformación del país, con alto sentido humanista y solvencia científica y moral.

Como cualquier institución formada por miles de colaboradores, profesores, estudiantes y administrativos, no está exenta de problemas y desafíos para mejorar. La calidad de las instituciones no está atada a la ausencia de debilidades en alguno de sus miembros. Por el contrario, un valor a resaltar de la Universidad de Cartagena es que ha sabido sobreponerse a las vicisitudes que ha enfrentado en su vida bicentenaria. Año tras año la Universidad de Cartagena aporta a nuestra nación, una pléyade de profesionales con responsabilidad y sensibilidad social. La mayoría de ellos nacidos en hogares humildes que encuentran en esta institución la única oportunidad para transformar sus vidas.

Por todo esto, la institución académica por excelencia de la costa norte colombiana, no se merece ni puede aceptar que sea mancillada con generalizaciones insustanciales y acusaciones irresponsables.

Las dificultades de una institución no se superan a costa de la honra de otras. Así no resuelven las ineficiencias y deficiencias de una entidad. Usar cortinas de humo, para esconder el drama de una propuesta fallida, no puede justificar una acción desleal.

Si algo le da orgullo a los estudiantes y egresados, es su Alma Mater. Y cuando esta es ultrajada, injuriada y difamada, lo que se espera de ellos es que afloren su autoestima y dignidad, y que como colectivo la hagan respetar. Esto es válido tanto para estudiantes como para profesores, funcionarios y familias que esperan que la Universidad de Cartagena esté presente para sus hijos y generaciones futuras, por lo menos otros 200 años más.

Si uno sacrifica su dignidad, empieza a morir lentamente. Cuando un ser humano pierde la dignidad, pierde la esperanza. ¿Cómo se sentirán esos humildes empleados y trabajadores que madrugan a la universidad a cumplir una respetable labor, cuando escuchan la diatriba oficial?, ¿qué pensarán los docentes universitarios que con gran esfuerzo han logrado su vinculación a la universidad y son personas éticas y con altos valores?, ¿cómo reaccionarán los estudiantes cuando se agrede y matonea a su centro de formación?, qué estarán pensando los investigadores que han logrado posicionar el nombre de la universidad en la comunidad científica internacional?

Adicional a lo anterior, varias preguntas se deben estar haciendo los caribeños que valoran esos dos siglos de trabajo responsable y comprometido: ¿se justifica que unos funcionarios de la Universidad de Cartagena que, gracias al apoyo de sus directivas, disfrutan de una licencia para desempeñarse en un cargo oficial, se mantengan en sus puestos, a pesar de que desde su temporal sede se denigre públicamente a la casa en donde se formaron y han devengado para sostener a sus familias? ¿Tendrán el carácter de renunciar a sus cargos, como una muestra de apoyo a su universidad y rechazo a la destrucción demencial de una de nuestras más queridas instituciones?

¿Los directivos permitirán que esos docentes representen a la Universidad de Cartagena en el escenario desde donde se lanzan invectivas?

¿Estarán conscientes esos profesores que “las personas pasan y las instituciones quedan”?

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