Columnista

Los aciertos y desaciertos de Dau (Parte 3)

Por: Daniela Pinzón

Politóloga Universidad Tecnológica. Conferencista

Sigamos evaluado a Dau. Esta vez, en términos de la coherencia ideológica de su propuesta de gobierno Salvemos Juntos a Cartagena. William Dau es un portador de buenas intenciones; eso se nota y es, sin duda, el mayor de sus aciertos. Se le ha visto trabajar energéticamente por la ciudad. Sin embargo, se muestra autocrático cuando se trata de hablar de sus propios errores y sus propios colaboradores. Por una parte, ha hecho cambios repentinos en varios de los funcionarios de alto mando (de los que, a principio de año, eran “intachables”), por razones que pueden resumirse en una sola frase: Tomar decisiones sin consultarle. Todo parece indicar que los secretarios solo pueden actuar dentro de la burbuja de Dau.

Por otra parte, y aunque pareciera contradictorio, la mala asesoría ha sido una de los desaciertos que el mismo alcalde no logra reconocer. Se toman medidas aceleradas sin previos fundamentos, se repiten ideas sin ser cuestionadas y posteriormente, se comenten errores administrativos y faltas disciplinarias que dejan entre dicho el profesionalismo del equipo de gobierno.

Sobre este aspecto, es un verdadero acierto que Dau cuente con funcionarios excelentes; que dan la talla y tienen sentido de pertenencia por la ciudad. No obstante, aún no se construye un liderazgo lo suficientemente firme que aproveche esos perfiles, a fin de tomar medidas sostenibles en el tiempo. Todo parece funcionar a base de prueba y error. Ni hablar de la indecisión o del popular «es que ya no». Para ser un dirigente que consolidó su campaña y elección a través de las redes sociales, Dau tiende a embarrarla o meter la pata cuando habla en público. Su boca será siempre su mejor “papaya puesta’’. De ahí tambien su alias «el retractor». Qué desacierto.

En todo caso, es así como la coherencia ideológica de «Salvar Juntos a Cartagena» suele tambalear. ¿Juntos? ¿Dau se refiere solo a los que lo apoyan? Porque al resto, ni siquiera se les escucha (a veces solo por protocolo institucional). Ni hablar de los que intentan, por vía legítima, hacer respetar sus derechos constitucionales (caso puntual: Protesta social de los líderes del barrio Chino el pasado mes de Noviembre). Y ¿salvar? Queremos ver ejecución, proyectos implemetados eficientemente e inversión sostenible. Y especialmente, se le exige a Dau profesionalismo administrativo. Sabemos que las buenas intenciones requieren acción para ser materializadas.

Ahora, sin profundizar en el fenómeno populista que ha creado Dau, él ofrece tal cual lo que al pueblo le gusta: Alegría, expontaneidad, vulgaridad, recocha, discursos improvisados y muestras de rabia y venganza contra los que han hecho desastres con la administración (emociones que incitan al odio e incluso a la violencia). Pero este es un terrible desacierto (que algunos lo disfrazan de acierto). El carisma de Dau es innegable. Y por supuesto, más de uno se siento glorioso al decir «prefiero que sea así, a que sea un corrupto». El asunto es que el típico «menos peor» no es necesariamente lo que más necesita una ciudad que estuvo casi 10 años en la interinidad. Algunos más objetivos entenderán perfectamente.

La salida de la primera Dama es otro asunto que se presta para otra columna. Lo cierto es que sí representa un inquietante desacierto del alcalde. Claramente, él no fue quien falsificó el acta de grado. Incluso, ha dicho públicamente que no sabía nada y que es un hecho muy lamentable. Sin embargo, en palabras de Dau, Cynthia era ‘’una persona de su entera confianza’’. Pues, qué poca confianza hubo; en la que, supuestamente, ni siquiera él mismo sabía que aún no tenía un título profesional. Dau insinuó que fue engañado. Una encrucijada entre la ingenuidad y la transparencia ¿A quién le creémos? Los hechos indican que el tiempo de Dau en la administración Distrital es directamente proporcional a la desconfianza de los cartageneros. Desacierto tras desacierto.

Finalmente, si algo nos ha enseñado la historia política de Colombia y el mundo en general, es que los extremos son peligrosos y tienen un costo social devastador. Por ello insisto, y espero que los desaciertos de Dau sean evaluados y corregidos A TIEMPO; por el bien de Cartagena. No estamos para primiparadas. No es momento de dividir, ni de desestabilizar. Necesitamos enfoque y suplicamos un líder conocedor de la Administración Pública.

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