Personaje de la semana

Mercedes Barcha, Personaje de la Semana 

El sábado 15 de agosto, en Ciudad de México, falleció a sus 87 años Mercedes Barcha, el amor eterno del gran escritor Gabriel García Márquez. “Cuando el dinero se acabó, ella no me dijo nada. Mercedes logró, no sé cómo, que el carnicero le fiara la carne; el panadero, el pan; y que el dueño del apartamento nos esperara nueve meses para pagarle el alquiler. Tú sabes la cantidad de locuras que ella me ha aguantado”, le contó Gabo a Plinio Apuleyo, demostrando gran apoyo que fue esta mujer para el Nobel de literatura.

Los restos de ‘La gaba’, como se le decía popularmente, serán trasladados a Cartagena donde está descansando eternamente su amado esposo, en el Claustro de la Merced. Para muchos ella es la gran artífice de la obra cumbre del artista, ‘Cien años de soledad’. Ella estaba a cargo de las finanzas del hogar cuando a ‘Gabo’ se le vino la brillante idea en 1965.

“Nos fuimos a la casa y Mercedes sacó lo último que faltaba por empeñar: un calentador, la secadora del cabello y la batidora, no sin antes advertirle: Ahora lo único que falta es que la novela sea mala”. Ella admitiría después que era su favorita: “Es una maravilla. Uno pasa de capítulo y no se da cuenta”.

Mercedes Barcha también es conocida por su gran historia de amor con Gabriel García Márquez. Se conocieron en 1941, en el departamento de Sucre. Ella tenía 9 y Gabo 13. Durante un baile, el escritor vio el reflejo más puro y sincero del amor, por lo que supo desde un principio que ella sería su acompañante terrenal.

La primera carta que Gabo le escribió a Mercedes es reconocida a nivel mundial, y que él planteó en un texto publicado en El Espectador: “Aquéllas no pretendían ser más que cinco líneas para darle la noticia oficial de mi viaje. Sin embargo, al final agregué una posdata que me cegó como un relámpago al mediodía en el instante de firmar: «Si no recibo contestación a esta carta antes de un mes, me quedaré a vivir para siempre en Europa». Me permití apenas el tiempo para pensarlo otra vez antes de echar la carta a las dos de la madrugada en el buzón del desolado aeropuerto de Montego Bay. Ya era viernes.

El jueves de la semana siguiente, cuando entré en el hotel de Ginebra al cabo de otra jornada inútil de desacuerdos internacionales, encontré la carta de respuesta”. Su respuesta fue “Sí quiero”, y consagraron matrimonio el 21 de marzo de 1958 en la iglesia del Perpetuo Socorro, Barranquilla.

 

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