Columnista

Silencio cómplice

Por: Aniano Morales

Administrador público, especialista en Medio Ambiente Urbano, candidato a Magister

Chambacú, una de las comunidades creadas por africanos libres, localizada al lado de las murallas que rodean a Cartagena, escenario de las luchas de los afrodescendientes por su liberación de la esclavitud, gesta encabezada por Benkos Biojo, figura legendaria de la resistencia afro-hispana.

De acuerdo con Elisabeth Cunin, Chambacú se creó en medio de manglares entre la tierra y el mar, y poco a poco se fue volviendo tierra firme por los rellenos de arena, cáscara de arroz y basura. A principios del siglo XX, debido al trabajo creado por la construcción del tranvía y más tarde por la construcción de una carretera, Chambacú se convirtió en el más grande de los barrios aledaños a las murallas. Al finalizarse esas obras, chambaculeros y chambaculeras se desempeñaron como obreros de la construcción, lavanderas y cocineras en las casas de los sectores más pudientes de la región.

Como es el caso de muchos barrios pobres cercanos a las ciudades, las autoridades nunca se preocuparon por el bienestar de Chambacú y sus habitantes no conocieron los servicios básicos de electricidad, acueductos e higiene. Pronto el barrio llegó a definirse como “el más grande y antiguo tugurio del país” (Cunin 135). Cuando a principios de los años setenta del siglo XX Cartagena de Indias comenzó a emerger como ciudad turística importante, Chambacú representaba un obstáculo para la imagen de la ciudad. Fue así como comenzaron los proyectos de desalojo del barrio.

Todo este recorrido histórico para tratar de explicar el fenómeno por el cual hoy, las grandes elites locales, retoman estrategias de desarraigo para la población de escasos recursos económicos, como fue en su tiempo el plano regulador de 1948 que a pesar de introducir variables importantes para el territorio, abrió el apetito voraz de los latifundistas criollos de Cartagena, apropiando los cuerpos de agua internos de la ciudad amurallada y las islas más cercanas como manga y pie de la popa, desarraigando comunidades enteras como las de pequín, boquerón, pueblo nuevo y otros, hacia los playones de las ciénagas y lagunas que tenía el territorio de nuestra histórica ciudad.

Con el plan de reubicación de Chambacú y la declaración de zona de tolerancia de Tesca, se dio fuerza a un genocidio antropológico sociocultural con las familias que habitaban dicho territorio, así como la apropiación ilegal de parte de las elites criollas, quienes miran al 90% restante de cartageneros como pobres extremos o multidimensionales, que solo tienen el derecho a recibir las migajas de las generaciones de dioses del Olimpo. Pero no solo los desarraigaron, también han sido objeto de persecución con sus estrategias de proyectos de erradicación de la mal llamada pobreza extrema.

En los años 70 se idearon el plan de rehabilitación de la zona sur oriental, apoderándose de las herramientas estatales para quedarse con el suelo creado hasta ese momento por los desarraigados de Chambacú. Estos latifundistas criollos no han parado su accionar de despojo y desarraigo social y cultural, en su afán de poseer las tierras creadas con esfuerzos y limitaciones económicas, desafían las normas urbanísticas, éticas y morales.

Llegó el turno a los pobladores aledaños a las cuencas hidrográficas, sin embargo gracias a la unidad de fuerzas entre dignatarios de JAC y ediles en ese momento, encontraron con una comunidad organizada que no les permitió reubicar a los poseedores de la franjan sur oriental del momento y que estaba demarcada por la construcción del viaducto perimetral de la ciénaga de la virgen, definida en el plano regulador del 1948 de José María González Concha; estas organizaciones comunales exigieron la legalización de predios para los poseedores del momento, lo que los convirtió en propietario legítimos del suelo que poseían.

Hoy, ante la reaparición de las mismas generaciones de despojadores y la propuesta de un atractivo proyecto de erradicación de la mal llamada pobreza extrema, que no es más que una manera de arrebatarle a los históricos desarraigados poseedores de esta franja aproximada de 400 hectáreas y que estáprotegida por el Parque Distrital Ciénaga de la Virgen (decreto 063 de 2006), el sueño y el esfuerzo de familias asentadas por más de 30 años en esa zona, con el agravante de que hoy no encuentran a las organizaciones sociales y comunales organizadas y dispuestas a defender la causa colectiva de una población vulnerable y carente de cultura ciudadana. Se requiere unidad de criterios y lucha social de nuestras organizaciones locales, que permita la construcción del desarrollo equitativo y no la voracidad de los despojadores criollos.

La ley 2038 de 2020 pro-Cartagena 500 años 2033, aniquila la participación ciudadana y la planeación participativa; al igual que profundiza el desarraigo y disfuncionalidad en las organizaciones comunales de la localidad De La Virgen y Turística, persigue convertir a varios corregimientos como La Boquilla en perímetro urbano, con el propósito de acabar con la propiedad colectiva y las restricciones ecológicas del POT del 2001.      

¿Crees conveniente seguir haciendo parte del silencio cómplice de las autoridades? ¿Podemos las organizaciones de base comunitarias cerrar filas y trabajar en equipo para construir una propuesta de desarrollo integral y evitar el despojo de nuestro pueblo?

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Un comentario

  1. Esta ha sido la constante, esta demostrado en la columna del doctor Aniano Morales, sin embargo son pocos los dolientes para confrontar esta amenaza por parte de los despojadores de lo poco que con mucho esfuerzo han podido construir para bien de sus familias, la clase pobre economicamente hablando de esta ciudad.

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