Columnista

El paro y (des)amparo de Iván Duque

Por: José David Romero

Investigador en el Departamento de Política Económica De la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Valladolid. Máster en Desarrollo Económico y Políticas Públicas.

Iván Duque ha sido elegido el presidente más joven en llegar a la Casa de Nariño, si bien, en la campaña presidencial, no podía presumir de una probada experiencia en la arena política, de servidor público o haber ocupado algún cargo de responsabilidad política, como ministerios, gobernación, o alcaldía, su vertiginoso y, destacado ascenso fue evidente en el Senado de la República durante el periodo 2014 – 2018. Pese a ello, un sector político lo catalogó como el aprendiz.

En su primer día como presidente de Colombia, se desplazó hasta la Isla de San Andrés, con una agenda concreta, señaló los temas que iba a atender, estos eran a saber; salud, migración y seguridad, problemáticas que, junto al desempleo, llegado a la cifra simbólica de dos dígitos, son los temas críticos común en todo el territorio colombiano. La agenda marcada por el gobierno de Duque hacía prever que, en su periodo presidencial se desarrollarían políticas encaminadas a mitigar los principales problemas de los colombianos.

Además, tenía que afrontar dos temas de mayor controversia nacional y apasionamientos políticos; el primero, seguir o dar por finalizado los diálogos con el ELN y segundo, la continuidad al apoyo del acuerdo de paz. La agenda del gobierno estaba clara, concreta y, la dirección era unir a los colombianos, luego de la polarización, que se agudizo cuando el entonces presidente Juan Manuel Santos, convocó a votar el plebiscito por la paz.

Pese, a señalar una agenda clara y concreta que buscaba mitigar los problemas de los colombianos y, sobre todo, minimizar la polarización, dentro de su primer año de gobierno, fue tras la solución de la problemática de más de dos décadas político social de -Venezuela- que, sin duda alguna, produjo un desgaste en el mandatario, incurriendo en el descuido a la agenda política interna. Así, comienza el desamparo de Iván Duque a su agestión como presidente de Colombia.

Consecuentemente, el cometido que se impuso Duque, de unir a los colombianos, no se hizo realidad en su primer año como presidente, la polarización ha persistido en lo que va de su periodo al frente de la presidencia. En cambio, sí, las contundentes derrotas de su gobierno en cabeza de sus ministros en el Congreso, primero, por cuenta de las “objeciones al acuerdo de paz”, que fueron rechazadas por el legislativo, en medio, de la ambigüedad del jefe de Estado frente al acuerdo que le valieron críticas de su propio partido político -Centro Democrático- que se suman al desamparo de Duque como presidente de Colombia.

La evaluación del primer año del gobierno de Duque, en cuanto a la reforma -política, judicial y económica- no fue efectivo, el Congreso rechazó la mayoría de los proyectos de ley presentados por el ejecutivo. Se rescata que logró, la aprobación del presupuesto público del 2019. Sin embargo, el desgaste del gobierno quedó evidenciado. Rápidamente, antes de finalizar el 2019, las protestas y manifestaciones se hicieron presentes. En noviembre del 2019 se convocaron las marchas en contra del gobierno Duque, ya se veía venir la avalancha de protestas que podían terminar en medio de violencia en las calles, el espejo, era Chile, que ya había sufrido dentro de protestas legitimas, la crueldad de la violencia.

Apaciguado el tema de las protestas por la pandemia del Covid19, el mandatario colombiano, parecía que tomaba y controlaba el rumbo del país. No obstante, un año más tarde, aun en medio de la crisis sanitaria, Colombia, es titular en todos los noticieros internacionales, que registran la crueldad de la violencia en las calles. Titulares como; “nos están matando” y “llamado de atención para Iván Duque, por las violaciones cometidas por las fuerzas del estado a los derechos humanos”. Si bien, la protesta que se convocó para el pasado 28 de abril, tenia como principal objetivo, que el ejecutivo retirara el proyecto de ley de reforma tributaria, las manifestaciones luego de que este fuera retirado, continúan en las calles, y lo que exigen los manifestantes son cambios estructurales en la política social y económica de Colombia.

Las preguntas que surgen son; ¿por qué dejó enardecer tanto los ánimos el presidente Iván Duque presentando el proyecto de ley al legislativo? ¿entendía la indignación generalizada de los colombianos? ¿por qué no escuchaba a los voceros de los partidos políticos, dentro de estos, la coalición de gobierno, que desde un inicio se opusieron y rechazaron el proyecto de reforma fiscal? ¿por qué no escuchó a su partido político, a su mentor?

Las respuestas que pueda brindar hoy el gobierno de Iván Duque, a los interrogantes planteados son insuficientes para calmar la ola de manifestaciones en las calles, la inconformidad, el abandono que siente y experimenta la sociedad vulnerada por problemas estructurales enquistados en la economía y política colombiana, evidenciados por la crisis de salud, que deja altas tasas de desempleo y creciente numero de informalidad laboral, son estás ultimas, las razones fundamentales para que un numero importante de manifestantes sigan en las calles.

Duque se amparó un año en su transmisión diaria, cuando el país, y la sociedad colombiana, exigía un presidente presente y enfrentando no solo la crisis sanitaria, si no, también, la crisis económica y social, agudizada por la pandemia del Covid19. Consiguió amparo en su programa “show” diario, que hace mucho tiempo atrás, debió dar por finalizado o encargarlo a un especialista en temas de salud pública. Llegados aquí, y, en este contexto, se puede dar la razón a aquellos, que lo tildaban de aprendiz. Iván Duque no cuenta con respaldo social ni político, por lo menos, así, lo demuestran las encuestas, baja aprobación y desamparado en tiempos de crisis.

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