Columnista

Estamos tan distraídos que ni cuenta nos damos

Por: Óscar Borja

Abogado, especialista en Derecho Constitucional

No está muerto el que no respira, ni el que su corazón ya no palpita, está muerto el que no se inmuta ante la injusticia, y la corrupción, maldita.

No existe autoridad, ni esperanza, de imponerla, la ambición del gobernante, en delincuente lo convierte. El patrimonio público es saqueado, mientras el pobre sin condolencia, entre el desempleo, el hambre, sin educación y salud, su vida pierde. Aquel que por una promesa, su conciencia vende, el circo y el aceite de la Roma antigua, por el PAE (Programa de Alimentación Escolar), deportes y conciertos, han sido remplazados. Los recursos de las escuelas y hospitales, han sido saqueados, mientras la justicia continúa con sus ojos y oídos cerrados.

El más fuerte es el más vivo, el más vivo es el más fuerte, el que más miente, más tiene y el que más tiene, más miente. El pasado fue violento y violento es el presente, la violencia se encrudece y la impunidad crece. No hay diferencia entre el bueno y el malo, ni entre el vivo y el muerto, al final todos comparten la miseria del sufrimiento, unos porque no tienen y otros porque tienen demasiado… El que muere ya no sufre, el que sobrevive, con la muerte descansa. De la tiranía nadie se salva, ni los ricos, ni los pobres. El infierno se conoce en vida, la salvación, poco importa, no sabemos lo que hacemos, ni nos preocupamos por saberlo, estamos tan distraídos que ni cuenta nos damos.

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