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Según estudio, los abrazos en la pareja reducen la producción de la hormona del estrés

No cabe duda que el amor nos cambia. Ya sea el efímero de verano, como el romántico o a largo plazo de relaciones consolidadas. Cada una de estas relaciones tienen sus ventajas. Las parejas tienen, según un estudiorealizado por el Departamento de Servicios de Salud de EE. UU. una presión arterial más baja y un menor riesgo de enfermedad cardiovascular que las personas solteras de la misma edad.

Otro análisis, vinculado a enfermedades cardiovasculares, comparó a 3,5 millones de voluntarios (solteros, casados, divorciados o viudos) y descubrió que las parejas casadas menores de 50 años tendían a tener un riesgo 12 % menor de enfermedad vascular.

El amor también nos ayuda a reducir el dolor, al menos según los resultados de un estudiopublicado en la revista PLoS ONE. Los responsables realizaron imágenes de resonancia magnética a voluntarios que estaban en comprometidos en una relación y detectaron una actividad mayor en regiones vinculadas al procesamiento de recompensas, lo que sugiere que el amor pueden reducir la experiencia del dolor. Y también del estrés…

Un estudiopublicado en 2005 en Neuroendocrinology Lettersexaminó la neurobiología de los enamorados y encontró un vinculo entre los sistemas de respuesta al estrés de las personas y el desarrollo del apego social. Los resultados sugieren que formar un vínculo con la pareja podría ayudar a generar cambios fisiológicos que reduzcan los niveles de ansiedad.

Lo que hasta ahora no se había demostrado o no había sido estudiado en profundidad es cómo afectan los gestos físicos de amor, como una caricia o un abrazo, a nuestro cerebro. Esa fue la misión que se planteó un equipo de científicos de la Universidad Ruhr de Bochum (Alemania), liderado por Gesa Berretz.

Investigaciones previas ya afirmaban que, en algunos entornos, el contacto social puede amortiguar el estrés. Pero la mayoría de estos estudios se habían centrado en el efecto del contacto físico en mujeres pero son pocos los que profundizaban en el efecto de estos gestos en los hombres. Ese fue el objetivo de Berretz.

Con esto en mente, su equipo sometió a 76 voluntarios, todos en relaciones de pareja, a una prueba de inducción de estrés en la que se les pidió que mantuvieran una mano en un baño de agua helada durante tres minutos mientras se les observaba y mantenían contacto visual con una cámara. Antes de esta prueba, a la mitad de las parejas se les indicó que se abrazaran.

El resto no mantenía ningún tipo de contacto físico. Los responsables del estudio, publicado en PlosOne, midieron varios indicadores de estrés, incluidos los niveles de cortisol en la saliva de los participantes, antes y después del experimento.

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