Columnista

Elecciones y retos de Colombia

Por: José Romero

Investigador externo Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de Valladolid

Colombia, como todos los países del mundo y especialmente los latinoamericanos, se enfrenta a una serie de retos en su sistema económico, tributario, fiscal, educación, salud, pensiones, entre otros. Sin embargo, el mayor de los retos que debe enfrentar y superar el país es, ofrecer soluciones de fondo a las diversas problemáticas que aquejan a la población colombiana y abandonar de una vez y por todas, el asiduo modelo de intentar resolver los “síntomas” con medidas que lo que hacen es agravar más el problema.

En términos médicos, lo primero que se le practica a una persona que presenta una alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes de su cuerpo, lo que define la Organización Mundial de la Salud (OMS) como enfermedad, es un diagnóstico que le permita al profesional de la salud combatir directamente la causa de los síntomas que presenta el afectado/paciente. Por ejemplo, una persona que padece la enfermedad de insuficiencia cardiaca, presentará los siguientes síntomas: disnea, cianosis, edemas de miembros inferiores, entre otros. El esfuerzo del especialista en este caso, lo dirigirá a enfocar el tratamiento médico/clínico en mejorar la función cardiaca. El resultado que se espera al aplicar el tratamiento contra la enfermedad, es que, desaparezcan o disminuyan los síntomas.

De esta manera, el reto para los próximos parlamentarios que resulten electos, los dirigentes actualmente en cargo público y para el próximo presidente o presidenta de Colombia, será “combatir la enfermedad y no intentar aliviar los síntomas con pañitos de agua tibia”. Esto pasa, primeramente, por la responsabilidad que tienen los ciudadanos de elegir a sus representantes para el Congreso de la República, integrado por el Senado de la Republica y la Cámara de Representantes. La elección del legislativo es de fundamental importancia para el país y las regiones, puesto que, se está eligiendo a las personas que se encargarán, como tarea principal, de elaborar, presentar y aprobar las leyes nuevas y modificar las ya existentes, además de ejercer control al gobierno.

Por lo tanto, elegir bajo la perspectiva de la formación y conocimiento demostrado que tengan los aspirantes a dicha corporación pública, es sustancial para garantizar, personas idóneas y con las capacidades necesarias mínimas en el desarrollo de su cargo de legislador. Si bien, los elegidos congresistas, pueden contratar personal experto que les asesore, y rodearse de un grupo de apoyo que lo instruyan, sin los más mínimos criterios de formación es poco probable tener la garantía de que, van a responder satisfactoriamente a la responsabilidad que pesa sobre su cargo.

No obstante, no se puede dejar de lado otro reto mayúsculo que tiene el país, la lucha en contra de la corrupción, que muy casualmente, representa las banderas electorales de muchos y todos. Es absolutamente necesario para Colombia acabar con este flagelo que le ha hecho y sigue haciéndole mucho daño al país. Ahora bien, la corrupción también pasa por la ineptitud e incapacidad de los dirigentes elegidos a través del voto popular. La corrupción también se configura, al hacerse elegir para un cargo en el cual no se tiene la preparación ni formación que demanda. Por ende, se convierte en un “actor pasivo” de la corrupción, aquel ciudadano que otorga su voto a un candidato no apto para ejercer un cargo público.

Electores, ciudadanos, que esta sea la oportunidad para atacar la enfermedad. La enfermedad de elegir mal, la enfermedad de la apatía a ejercer el derecho a elegir libremente, la enfermedad de elegir sobre el bien particular y no el bien común, la enfermedad del odio y el resentimiento, la enfermedad de resignación a que nada puede cambiar y la enfermedad de convertirse en “actores pasivos de la corrupción”.

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