Columnista

Consecuencias de un mal gobierno

Por: Claudia Tinoco Padauí

Politóloga y Magister en gobierno y políticas públicas.

El desacierto en la elección de los cargos públicos y especialmente de quienes son llamados a dirigir la Administración es, posiblemente, una de las causas más evidentes del mal gobierno. De ello también advirtió John Stuart Mill: “No hay acto que más imperiosamente exija ser cumplido bajo el peso de una gran responsabilidad personal, que la provisión de los destinos públicos”.

Siglos antes, también se hacía eco de esta idea el ilustre valenciano Furió Ceriol: “Por ninguna manera del mundo se elija a un ‘consejero’ sin que haga primero examen de su habilidad y suficiencia”. Sin embargo, buena parte de nuestra clase política no aprende nada, porque poco lee y apenas piensa: “actúa”. Y, además, mal, de forma desatinada, con el hemisferio equivocado del cerebro.

El gobierno, genéricamente hablando, es el encargado de establecer y regular el marco social y sin duda alguna, hasta el jurídico, en el que los ciudadanos nos desenvolvemos todos los días. Desde que salimos de casa por la mañana, e incluso dentro de nuestros domicilios, de una u otra manera y en mayor o menor medida, nos vemos siempre afectados por las decisiones y acciones del gobierno. Esta presencia es muchas veces pasada por alto en el ir y venir cotidiano, pero, apenas empezamos a desenredar el carrete de nuestra vida diaria, sus efectos se hacen evidentes.

En estos tiempos en que de “Anticorrupción” se alardea bastante, conviene decir que para alcanzar esa palabra en la gestión gubernamental, se requiere necesariamente erradicar las prácticas clientelares, el nepotismo y el reality show que anegan la política. Es necesario profesionalizar la Administración Pública a todos sus niveles.

A veces se dice que las consecuencias de un mal gobierno en todo sentido, son peores que las de tener algunos elementos corruptos y, obviamente, le dirán a quien esta teoría defiende, que está loco, pero, hay que admitir que, cuando un gobierno empieza a justamente eso, a gobernar en el sentido estricto de la palabra, las políticas que lleva a cabo determinan un cambio que impacta en la vida de las personas. Y, en general, con los años, los gobiernos logran cambiar la ciudad, el departamento o el país y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, e impulsar ese territorio hacia la senda del crecimiento. Obviamente hay también que aceptar que la corrupción en esos gobiernos, lentamente empieza a debilitar importantes pilares que a la larga mostrarán sus debilidades.

Mientras la sociedad avanza, porque esos cambios y gobiernos repercuten directamente en sus vidas, la mala política y los malos gobiernos no avanzan al mismo ritmo: esto es algo que sentimos, percibimos yvivimos e incluso, puede ser motivo de actuaciones sociales anormales y fuera de lógica que a veces  traen consigo consecuencias,  por ejemplo las de un estado de anomia que, “para la psicología y la sociología, no es otra cosa que, un estado que surge cuando las reglas sociales se han degradado o directamente se han eliminado y ya no son respetadas por los integrantes de una comunidad.

El concepto, por lo tanto, también puede hacer referencia a la carencia de leyes” Lo que vemos día a día en nuestra ciudad no dista mucho de eso

Si bien es una diferencia conceptual muy sutil, es entendible que bajo ciertas circunstancias, las consecuencias de un mal gobierno,  se consideren peores que la existencia de algunos elementos corruptos.

Los elementos corruptos pueden ser extirpados, sancionados y saneados, mientras que los malos gobiernos son responsables del caos y la anomia generalizada.

Muchos dirigentes, se niegan a aceptar críticas y consejos, cuando el gobierno es cuestionado, empieza a decaer, y llegan los cuestionamientos, algunos  constructivos, y muchos negativos.

En momentos de crisis, la crítica se convierte en una amenaza en vez de en una oportunidad para la rectificación. Más vale dar pasos cortos y seguros, que largos y torpes. Los equipos son el pilar fundamental de un gobernante. Y, ojo, jerarquía no tiene nada que ver con la disciplina ni el orden.

¡Un líder con un equipo mediocre es un líder mediocre!

“Una ejecución débil no es sino otra manera de designar una ejecución mala; y un gobierno que ejecuta mal, sea lo que fuere en teoría, en la práctica tiene que resultar un mal gobierno” (Hamilton, “El Federalista”)

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